Un viernes por la noche reciente, Scott D. bailaba alegremente al ritmo de la música cajún zydeco con su esposa en un centro comunitario local.
Era un contraste notable con respecto a hacía apenas medio año, cuando su corazón estaba tan débil que apenas podía mantenerse en pie sin ayudarse de las manos.
¿Cuál es la razón detrás de la significativa transformación de Scott?
El programa de rehabilitación cardíaca de Hillsboro Medical Center.
«De alguna manera consiguieron que me convirtiera en un miembro más activo de mi equipo de atención médica», afirma Scott, quien admite que el ejercicio nunca había sido realmente una parte importante de su rutina diaria.
«Conducía camiones semirremolques», explica Scott. «Después de conducir entre 10 y 12 horas, apenas puedes caminar».
Una vez jubilado, Scott acompañaba ocasionalmente a su madre a las clases de Silver Sneakers, pero sobre todo lo hacía para pasar más tiempo con ella.
«El ejercicio no es algo que a todo el mundo le guste hacer», reconoce Amber Sanguinetti, fisióloga jefe del programa de rehabilitación cardíaca de Hillsboro Medical Center. «Por eso, nuestro trabajo consiste en intentar que sea lo más fácil de integrar posible en la vida cotidiana de cada persona».

Scott D. bailando zydeco con su esposa en enero de 2023.
Amber sabía que a Scott le gustaba trabajar en viejos motores agrícolas y en su autocaravana, así que le presentó la bicicleta de brazos. Le gustó y, con el tiempo, también empezó a disfrutar caminando en la cinta.
«La gente del centro de rehabilitación me animaba mucho sin ser insistente», dice Scott. «Me trataron como a un viejo amigo desde que llegué hasta que me fui».
Con el tiempo, el equipo de cuidados de Scott le ayudó a aumentar su fuerza para que pudiera volver a ponerse de pie fácilmente sin necesidad de apoyarse en las manos.
«Ahora puedo caminar un par de kilómetros sin preocuparme por si voy a llegar a casa», explica Scott. «Eso es lo más importante: me da confianza en mis capacidades».
Hoy en día, Scott disfruta yendo al gimnasio local dos o tres veces por semana. A menudo le acompaña su esposa, que se sintió inspirada al ver sus grandes progresos.
«Sin duda volvería a hacer rehabilitación cardíaca, aunque espero no tener que hacerlo», señala Scott. «Creo que ahora mi futuro es más alentador».
Escritora: Natasha Lesch